Nota del autor

Todo lo expuesto en este blog corresponde, sólo y exclusivamente, a la inquieta mente de su creador, por lo que, cualquier parecido con personas y/o situaciones reales, es sólo producto de la casualidad.

jueves, 3 de agosto de 2017

El médico...

La otra tarde, veraniega y calurosa como una tarde de agosto recolectando tabaco, se presentó en la óptica de Ramoncito una pareja con sus dos niños a que le graduara la vista al marido (vulgo mirar el ojo) porque había sufrido una crisis de conjuntivitis que le había provocado cicatrices y estaba perdiendo visión (esto se lo dijo la mujer a Ramoncito de retahíla, por lo que él supuso que no era la primera óptica que habían visitado y que estaban contrastando opiniones). Ramoncito le comentó a la señora que le graduaba enseguida la vista, a lo que ella le contestó deshaciéndose en halagos hacia nuestro óptico porque le ahorraba ir al médico que era una lata de colas, de citas tardías, y que era más práctico acudir al óptico que lo iban a ver igual, o mejor, que el médico y se ahorraban trámites tediosos. 

Ramoncito se dispuso a graduar al hombre, cosa que hizo, mientras que la señora casi no le deja trabajar de tanto como le siguió hablando de los médicos, de cómo estaba la seguridad social, que si colas, que si horas interminables, que si lo lejos que estaba, que menos mal que estaban los ópticos y que no entendía cómo no tenían éstos más competencias en el ámbito sanitario con lo profesioanles que son, y patatín y patatán... 

Cuando Ramoncito acabó de graduar al hombre, casi mareado de tanta charla, le comentó que tenía graduación de lejos, y que esos dolores de cabeza que presentaba y esas molestias, podían ser derivadas de la vista y no de otra cosa, y que a lo mejor era cuestión de gafas para que el ojo viera bien y descansara los músculos, antes que de cualquier anomalía clínica que, a la vista estaba, no existía. La señora, con unos ojos como dos huevos fritos de dos yemas, se quedó más parada que los mismos de Espinete y, de un tirón que casi le arranca la extremidad a su cónyuge, salió de la óptica como alma que lleva el diablo, no sin antes decirle a Ramoncito que ella ya lo sabía, que los ópticos sólo querían vender gafas y que iban a ir para ver si eso era verdad, ¿a dónde?...al médico.

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