Nota del autor

Todo lo expuesto en este blog corresponde, sólo y exclusivamente, a la inquieta mente de su creador, por lo que, cualquier parecido con personas y/o situaciones reales, es sólo producto de la casualidad.

jueves, 10 de agosto de 2017

El tornillo...

Tranquilos...que esto no va del tornillo que le falta a Ramoncito (que faltarle, le falta, y no sabe dónde está que es lo peor), sino de esa gente que acude a su óptica a que le pongan, no ya el que se le ha caído de la gafa, cosa que es fácil y rápida, y la gente sale de la tienda con un servicio eficaz y más que veloz, sino el que estaba a punto de caerse y ellos lo han sacado para venir corriendo a que se lo solucione Ramoncito.

Pensará el lector, erróneamente, que es lo mismo, pero ya les dice Ramoncito que no, y ya verán ustedes por qué:

Cuando a una persona el tornillo de la gafa se le está a punto de caer, alguna gente experta (entiéndase el típico "cuñao" "manitas" que sabe de todo, lo arregla todo y luego deja peor todo) coge un cuchillo de su casa, o cualquier elemento punzante a tal efecto y, con precisión de relojero suizo, de cirujano tipo "los que no paran de rajar", saca el tornillo de su tronera y, ahí es cuando cambia la situación, le pega un esparadrapo de potencia adhesiva infinita, y encima le da cuatro vueltas, no vaya a ser que la lente se le escape por el camino (ah, perdón, que la lente la lleva en la mano). Y ahí tenemos a Ramoncito desliando el "liote", dándole friegas de alcohol a la zona afectada, pero con mucho mimo, como las "revirás" por derecho, para que éste no le vaya a quitar el color a la montura que "tenga usted cuidado, buen hombre, que me ha costado un dineral". 

Otro de los casos más típicos, es cuando la persona, previsora, entiende que el tornillo peligra (el de la gafa) y lo saca con igual pericia que el "cuñao" sabelotodo, y le pone un alambre que tenía por casa, o un hilo de cobre que le ha sacado al cable de turno, y lo mete por la tronera no sabe Ramoncito cuántas veces, dándole más puntadas que una abuela para coser un botón, y se lo entrega a nuestro óptico con tal cantidad del cobrizo elemento que si va a pesarlo le dan más de lo que vale la gafa, seguro, (aunque "tenga usted cuidado, buen hombre, que me ha costado un dineral). Y ahí, de nuevo, Ramoncito al rescate de la aprisionada gafa, con menos aire que los costaleros de escolapios cuando las aulagas, para deshacer el entuerto y conseguir, pasada media hora larga, reponerle el tornillo al cliente y que se vaya contento, sin preguntar qué se debe ("nada hombre, qué le voy a cobrar por esto"). 

Papel de aluminio (vulgo "albal"), hilo de nylon (vulgo de pescar), cinta adhesiva transparente (vulgo "desafí"), hilo de coser (esto no tiene vulgo), y un sinfín de remedios caseros se le presentan a diario a Ramoncito. Tantas veces tiene que solucionarlos que no tiene más remedio que pensar: "si han podido sacar el tornillo, liberar al "McGyver" que llevan dentro y dejar un trabajo fino para que él lo deshaga, ya podrían haber girado el cuchillo o elemento punzante a tal efecto en sentido contrario y, en lugar de sacar el tornillo, apretarlo!!...


jueves, 3 de agosto de 2017

El médico...

La otra tarde, veraniega y calurosa como una tarde de agosto recolectando tabaco, se presentó en la óptica de Ramoncito una pareja con sus dos niños a que le graduara la vista al marido (vulgo mirar el ojo) porque había sufrido una crisis de conjuntivitis que le había provocado cicatrices y estaba perdiendo visión (esto se lo dijo la mujer a Ramoncito de retahíla, por lo que él supuso que no era la primera óptica que habían visitado y que estaban contrastando opiniones). Ramoncito le comentó a la señora que le graduaba enseguida la vista, a lo que ella le contestó deshaciéndose en halagos hacia nuestro óptico porque le ahorraba ir al médico que era una lata de colas, de citas tardías, y que era más práctico acudir al óptico que lo iban a ver igual, o mejor, que el médico y se ahorraban trámites tediosos. 

Ramoncito se dispuso a graduar al hombre, cosa que hizo, mientras que la señora casi no le deja trabajar de tanto como le siguió hablando de los médicos, de cómo estaba la seguridad social, que si colas, que si horas interminables, que si lo lejos que estaba, que menos mal que estaban los ópticos y que no entendía cómo no tenían éstos más competencias en el ámbito sanitario con lo profesioanles que son, y patatín y patatán... 

Cuando Ramoncito acabó de graduar al hombre, casi mareado de tanta charla, le comentó que tenía graduación de lejos, y que esos dolores de cabeza que presentaba y esas molestias, podían ser derivadas de la vista y no de otra cosa, y que a lo mejor era cuestión de gafas para que el ojo viera bien y descansara los músculos, antes que de cualquier anomalía clínica que, a la vista estaba, no existía. La señora, con unos ojos como dos huevos fritos de dos yemas, se quedó más parada que los mismos de Espinete y, de un tirón que casi le arranca la extremidad a su cónyuge, salió de la óptica como alma que lleva el diablo, no sin antes decirle a Ramoncito que ella ya lo sabía, que los ópticos sólo querían vender gafas y que iban a ir para ver si eso era verdad, ¿a dónde?...al médico.

martes, 1 de agosto de 2017

Agosto...

Ya ha empezado, ayer se fue Julio (no Iglesias, sino el mes, hombre!!) a darse un garbeo por los calendarios olvidados, y hoy le damos la bienvenida al mes fantasma (no por todos esos que, sin tener un duro y sin ir a ningún sitio alardean de estar todo el verano en Saint tropez), a tenor del aspecto que presentan las calles, expeditas y desoladasm, que hasta las ranas van con cantimplora.

Todos los vecinos de Ramoncito se han ido. Algunos abrían ya sólo por las mañanas desde el mes de Julio, como el frutero, o las corredurías de seguros, porque el banco llevaba con el horario de verano desde el mes de Junio, pero es que ya no queda nadie, y él es el único que resiste al calor desde su tienda. Los clientes también se fueron y, salvo detalles de última hora para irse con las gafas a punto de vacaciones, a la tienda no entra ya nada más que el sol, que hace que Ramoncito se pase sudando las ocho horas y media que dura su jornada laboral, más la propina de los olvidadizos que hacen que salga, a veces, casi una hora más tarde, pero no pasa nada, porque a Ramoncito le encanta su trabajo y lo hace con mucho gusto.

Es curioso, piensa Ramoncito, que todos los trabajadores, o casi todos, llegado este punto del año tienen modificaciones en el horario para adecuarlos a las altas temperaturas, estableciendo las jornadas intensivas para aprovechar las horas de menos calor y él, también pone el horario de verano, pero sale media hora más tarde de lo habitual, resultando un poco incongruente que él se tenga que adaptar a los buenos horarios del resto ampliando su horario en vez de que sea al revés...(esto da para otra reflexión de gabinete, aunque será en otra ocasión). El caso es que la panadera ha cerrado y, con ella, su paño de lágrimas se ha ido hasta septiembre en que vuelva con su mandil a traerle el pan para el mediodía, y pasan las horas delante del ordenador viendo cómo el sol da en todas las fachadas de los edificios, cómo la calle está desierta, y cómo, cree haber visto Ramoncito, hasta las balas de paja van de un lado a otro de la calle al más puro estilo Oeste Americano. La misma se ha convertido en uno de esos escenarios tipo "El Bueno, el Feo y el Malo", y en cualquier momento sale el Sheriff a llevárselo detenido, menos mal que el Saloon, quiere decir Ramoncito, la cafetería de enfrente echa más horas que él, y siempre hay hueco para un café con hielo que, de todos es sabido, en todos los trabajos se fuma, maestro, aunque sea Agosto...