Nota del autor

Todo lo expuesto en este blog corresponde, sólo y exclusivamente, a la inquieta mente de su creador, por lo que, cualquier parecido con personas y/o situaciones reales, es sólo producto de la casualidad.

jueves, 11 de mayo de 2017

Doctor Jekyll y Mr. Hyde...

Hace mucho tiempo que Ramoncito leyó la novela de Stevenson, y la verdad es que nunca acabó de creerse, incluso desde la ficción, que alguien, por el mero hecho de tomarse una pócima endiablada, por muy endiablada que esta fuera, cambiara tanto su carácter como para pasar de ángel a demonio (esto era de Don Brown, cree recordar Ramoncito) en menos del tiempo que tarda en tragársela.

En su cabeza, las marchas de rayos debieron hacer mella porque lleva un tiempo pensando que sí es posible, que hay raros especímenes en los que habita un lobo tras la piel de cordero, y esto lo lleva comprobando desde que empezó a trabajar en óptica, ese submundo en el que todo vale para ganar un cliente y, cuando crees haberlo ganado, te llama para decirte que ha encontrado tu producto más barato dos puertas más abajo...

Ramoncito debería apellidarse Ojiplático Estupefacto, ya que así es como se encuentra casi a diario, tal es el volumen de situaciones rocambolescas que le asaltan en su tranquilo, muy tranquilo, más que tranquilo, día a día. Como la que le ocurrió no hace mucho tiempo, casi a punto de cerrar la tienda porque, a un óptico, sólo se le pueden comprar los productos diez minutos antes de cerrar la tienda, que es cuando está en plenitud de facultades. 

Pues bien, una muchacha muy dulce, (más que un donut del Dunkin), entró muy comedida, hablando de tal modo que Ramoncito tuvo que agudizar el oído, de tan suave que pronunciaba su perfecto castellano la señora (aunque tengan veintiún años son señoras, no vayamos a desvalorizar al género femenino). Deseaba una gafa de sol graduada y Ramoncito le aconsejó, como siempre, lo mejor para sus necesidades visuales y, al hacer el encargo, cometió el error más garrafal que un óptico puede cometer, esto es, decirle a la cliente cuándo iba a estar la gafa. Ambos quedaron contentos y se despidieron entre sonrisas y deseos mutuos de pasar un buen día.

La mañana del día exacto que Ramoncito le había dicho se presentó la muchacha a recoger sus gafas y, al no estar aún, le cambió la cara...no vio por ningún lado el frasco de Mr Hyde, por lo que dedujo que aún no se lo habría tomado, pero se fue despidiendo a Ramoncito con cajas destempladas. Cuando llegaron las lentes (vulgo cristales), éstas venían defectuosas, por lo que nuestro óptico tuvo que pedir unas nuevas y así se lo transmitió a la cliente, que ya sí volvió con el frasco entero tomado, incluso cree él que en doble dosis. Los gritos se escucharon a kilómetros; las miradas, de fulminantes, casi agujerean la bata de Ramoncito que, sorprendido por el cambio, no acertaba a emitir alguna disculpa (tampoco hubieran valido, a juzgar por el estado de la cliente) que tranquilizara a la muchacha que, amenazándolo si no estaban las gafas, se fue tan rauda y veloz por la calle, que Ramoncito tuvo que mirar dos veces por si venía el coyote avenida abajo.   

Desde entonces, y para mayor seguridad, las fechas son siempre aproximadas en la óptica de nuestro querido Ramoncito.

N. del A: las situaciones vertidas en estos posts son producto de la imaginación del autor y no se corresponden con casos ni personas reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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