Nota del autor

Todo lo expuesto en este blog corresponde, sólo y exclusivamente, a la inquieta mente de su creador, por lo que, cualquier parecido con personas y/o situaciones reales, es sólo producto de la casualidad.

jueves, 7 de diciembre de 2017

el final...

Llegó el momento. Quizá Ramoncito siempre lo supo, pero quería hacerse a la idea de que esto era lo suyo, y aferrarse al clavo ardiendo que significaba el estar trabajando en aquello para lo que había estudiado. Pero no, en ninguna facultad hay una asignatura que le enseñe a uno a aguantar el desprecio absoluto por parte de algunos facultativos, ni a saber cómo hay qué afrontar que un cliente te insulte, ni a saber qué cara pondrá tu jefe cuando venga a despedirte, para así estar preparado cuando venga con ella puesta. 

Ramoncito, hace muchos años, estudió una carrera universitaria (sí, señora, el título no se lo habían dado al comprar tres bolsas de "matutano") en la que sus profesores le enseñaron los entresijos del gabinete, cómo graduar bien, cómo utilizar a conciencia los aparatos que lo componen, cómo saber si hay algún tipo de patología y actuar en consecuencia, así como ver qué clase de medicación es la que le conviene a un cliente según los síntomas que presenta, pero la realidad es otra, no puedes diagnosticar una enfermedad, aunque sepas que está, porque no eres médico, ni puedes prescribir un tratamiento, ni puedes decirle nada a una persona que se salga de cuánto vale su gafa. Además, internet ha hecho mucha "pupa", hoy cualquiera pasa por la tienda para que le enseñes monturas que luego compra en la red, más baratas, y sin ningún tipo de control ni garantía, o se pone unas lentillas en los ojos sin un rigor óptico y sin que nadie le diga que se las ponga bien porque luego vienen los problemas, o directamente te dice que lo gradúes pero que luego irá al médico a ver la graduación que él le dice que tiene que ponerse...todas estas cosas liman a un profesional, cualquiera de los miles y miles de ópticos que, como Ramoncito, acuden puntualmente a su centro de trabajo para que les digan que no saben, que los están engañando, que en la de al lado está más barato, que le traten bien porque toda la familia tiene gafas, que algo sabrá el médico cuando ha estudiado y que ellos llevan toda la vida usando lentillas y que el óptico no tiene ni idea cuando le explica las posibles consecuencias de su mal uso.

Ramoncito está cansado, muy cansado, de ser autónomo, de ser empleado, de esperar algo de la gente que nunca llega, de sufrir el día a día encerrado en una jaula sin que vaya a ningún sitio, de desaprovechar los mejores años de su vida en beneficio de gente sin escrúpulos y de ponerse la bata para que nadie le escuche. Por esto y por mucho más, se acabó, hoy se cierra la óptica de Ramoncito, con todo el dolor de un corazón machacado por las circunstancias y ante cuyas heridas nada han podido hacer los años que lleva en esto ni las sonrisas y ánimos de la gente que ha ido a la óptica a que le atienda un profesional y a dejarse llevas por sus consejos, que también la ha habido y la habrá siempre. 

Con la puerta de la tienda se cierra una etapa de muchos años, para abrir la ventana de otras diferentes, con otras expectativas y que espera le hagan estar mejor consigo mismo y con la vida, pero lejos de la óptica.

Ramoncito quiere agradecer la atención de todos los que, le consta, se han pasado por su tienda y espera volver a veros pronto. Ahora toca vestirse de verde Esperanza para afrontar nuevos retos.  

Hasta siempre

jueves, 10 de agosto de 2017

El tornillo...

Tranquilos...que esto no va del tornillo que le falta a Ramoncito (que faltarle, le falta, y no sabe dónde está que es lo peor), sino de esa gente que acude a su óptica a que le pongan, no ya el que se le ha caído de la gafa, cosa que es fácil y rápida, y la gente sale de la tienda con un servicio eficaz y más que veloz, sino el que estaba a punto de caerse y ellos lo han sacado para venir corriendo a que se lo solucione Ramoncito.

Pensará el lector, erróneamente, que es lo mismo, pero ya les dice Ramoncito que no, y ya verán ustedes por qué:

Cuando a una persona el tornillo de la gafa se le está a punto de caer, alguna gente experta (entiéndase el típico "cuñao" "manitas" que sabe de todo, lo arregla todo y luego deja peor todo) coge un cuchillo de su casa, o cualquier elemento punzante a tal efecto y, con precisión de relojero suizo, de cirujano tipo "los que no paran de rajar", saca el tornillo de su tronera y, ahí es cuando cambia la situación, le pega un esparadrapo de potencia adhesiva infinita, y encima le da cuatro vueltas, no vaya a ser que la lente se le escape por el camino (ah, perdón, que la lente la lleva en la mano). Y ahí tenemos a Ramoncito desliando el "liote", dándole friegas de alcohol a la zona afectada, pero con mucho mimo, como las "revirás" por derecho, para que éste no le vaya a quitar el color a la montura que "tenga usted cuidado, buen hombre, que me ha costado un dineral". 

Otro de los casos más típicos, es cuando la persona, previsora, entiende que el tornillo peligra (el de la gafa) y lo saca con igual pericia que el "cuñao" sabelotodo, y le pone un alambre que tenía por casa, o un hilo de cobre que le ha sacado al cable de turno, y lo mete por la tronera no sabe Ramoncito cuántas veces, dándole más puntadas que una abuela para coser un botón, y se lo entrega a nuestro óptico con tal cantidad del cobrizo elemento que si va a pesarlo le dan más de lo que vale la gafa, seguro, (aunque "tenga usted cuidado, buen hombre, que me ha costado un dineral). Y ahí, de nuevo, Ramoncito al rescate de la aprisionada gafa, con menos aire que los costaleros de escolapios cuando las aulagas, para deshacer el entuerto y conseguir, pasada media hora larga, reponerle el tornillo al cliente y que se vaya contento, sin preguntar qué se debe ("nada hombre, qué le voy a cobrar por esto"). 

Papel de aluminio (vulgo "albal"), hilo de nylon (vulgo de pescar), cinta adhesiva transparente (vulgo "desafí"), hilo de coser (esto no tiene vulgo), y un sinfín de remedios caseros se le presentan a diario a Ramoncito. Tantas veces tiene que solucionarlos que no tiene más remedio que pensar: "si han podido sacar el tornillo, liberar al "McGyver" que llevan dentro y dejar un trabajo fino para que él lo deshaga, ya podrían haber girado el cuchillo o elemento punzante a tal efecto en sentido contrario y, en lugar de sacar el tornillo, apretarlo!!...


jueves, 3 de agosto de 2017

El médico...

La otra tarde, veraniega y calurosa como una tarde de agosto recolectando tabaco, se presentó en la óptica de Ramoncito una pareja con sus dos niños a que le graduara la vista al marido (vulgo mirar el ojo) porque había sufrido una crisis de conjuntivitis que le había provocado cicatrices y estaba perdiendo visión (esto se lo dijo la mujer a Ramoncito de retahíla, por lo que él supuso que no era la primera óptica que habían visitado y que estaban contrastando opiniones). Ramoncito le comentó a la señora que le graduaba enseguida la vista, a lo que ella le contestó deshaciéndose en halagos hacia nuestro óptico porque le ahorraba ir al médico que era una lata de colas, de citas tardías, y que era más práctico acudir al óptico que lo iban a ver igual, o mejor, que el médico y se ahorraban trámites tediosos. 

Ramoncito se dispuso a graduar al hombre, cosa que hizo, mientras que la señora casi no le deja trabajar de tanto como le siguió hablando de los médicos, de cómo estaba la seguridad social, que si colas, que si horas interminables, que si lo lejos que estaba, que menos mal que estaban los ópticos y que no entendía cómo no tenían éstos más competencias en el ámbito sanitario con lo profesioanles que son, y patatín y patatán... 

Cuando Ramoncito acabó de graduar al hombre, casi mareado de tanta charla, le comentó que tenía graduación de lejos, y que esos dolores de cabeza que presentaba y esas molestias, podían ser derivadas de la vista y no de otra cosa, y que a lo mejor era cuestión de gafas para que el ojo viera bien y descansara los músculos, antes que de cualquier anomalía clínica que, a la vista estaba, no existía. La señora, con unos ojos como dos huevos fritos de dos yemas, se quedó más parada que los mismos de Espinete y, de un tirón que casi le arranca la extremidad a su cónyuge, salió de la óptica como alma que lleva el diablo, no sin antes decirle a Ramoncito que ella ya lo sabía, que los ópticos sólo querían vender gafas y que iban a ir para ver si eso era verdad, ¿a dónde?...al médico.

martes, 1 de agosto de 2017

Agosto...

Ya ha empezado, ayer se fue Julio (no Iglesias, sino el mes, hombre!!) a darse un garbeo por los calendarios olvidados, y hoy le damos la bienvenida al mes fantasma (no por todos esos que, sin tener un duro y sin ir a ningún sitio alardean de estar todo el verano en Saint tropez), a tenor del aspecto que presentan las calles, expeditas y desoladasm, que hasta las ranas van con cantimplora.

Todos los vecinos de Ramoncito se han ido. Algunos abrían ya sólo por las mañanas desde el mes de Julio, como el frutero, o las corredurías de seguros, porque el banco llevaba con el horario de verano desde el mes de Junio, pero es que ya no queda nadie, y él es el único que resiste al calor desde su tienda. Los clientes también se fueron y, salvo detalles de última hora para irse con las gafas a punto de vacaciones, a la tienda no entra ya nada más que el sol, que hace que Ramoncito se pase sudando las ocho horas y media que dura su jornada laboral, más la propina de los olvidadizos que hacen que salga, a veces, casi una hora más tarde, pero no pasa nada, porque a Ramoncito le encanta su trabajo y lo hace con mucho gusto.

Es curioso, piensa Ramoncito, que todos los trabajadores, o casi todos, llegado este punto del año tienen modificaciones en el horario para adecuarlos a las altas temperaturas, estableciendo las jornadas intensivas para aprovechar las horas de menos calor y él, también pone el horario de verano, pero sale media hora más tarde de lo habitual, resultando un poco incongruente que él se tenga que adaptar a los buenos horarios del resto ampliando su horario en vez de que sea al revés...(esto da para otra reflexión de gabinete, aunque será en otra ocasión). El caso es que la panadera ha cerrado y, con ella, su paño de lágrimas se ha ido hasta septiembre en que vuelva con su mandil a traerle el pan para el mediodía, y pasan las horas delante del ordenador viendo cómo el sol da en todas las fachadas de los edificios, cómo la calle está desierta, y cómo, cree haber visto Ramoncito, hasta las balas de paja van de un lado a otro de la calle al más puro estilo Oeste Americano. La misma se ha convertido en uno de esos escenarios tipo "El Bueno, el Feo y el Malo", y en cualquier momento sale el Sheriff a llevárselo detenido, menos mal que el Saloon, quiere decir Ramoncito, la cafetería de enfrente echa más horas que él, y siempre hay hueco para un café con hielo que, de todos es sabido, en todos los trabajos se fuma, maestro, aunque sea Agosto...  

jueves, 20 de julio de 2017

El bofetón...

Ayer tarde entró en la óptica de Ramoncito un amigo suyo al que hacía tiempo que no veía, para ver si le podía revisar la vista (vulgo regular) ya que creía que no veía bien (esto es una cosa que Ramoncito, después de tantos años de experiencia, aún no entiende, o se ve bien, o se ve mal, pero nunca puede uno "creer que no ve bien"). Su amigo, uno de esos de la infancia que fue con él al instituto, pero que en la carrera fue por otro camino y ya sólo se cruzaban en el barrio, o sabían el uno del otro por las preguntas que sus respectivas madres se hacían en la tienda de ultramarinos, venía con sus dos hijos (perdón, un hijo y una hija, no salten las alarmas sexistas). 

La hija, una santa mujer de nueve años que tenía que acarrear, de por vida, con la dura tarea de ser la hermana mayor de un trasto, un Panzer, un rotavator (vulgo "rotabatos"), que recorría la tienda como si de un campo de batalla se tratase y el orden y la pulcritud de Ramoncito eran el enemigo. Él, el trasto, no paraba de ir de un lado para otro y tan nervioso estaba poniendo a nuestro óptico, que casi estuvo a punto de levantar la mano y darle un bofetón, pero se acordó enseguida de que eso no puede hacerse ahora, e inmediatamente guardó la "zarpa".

Obviamente, estaría mal visto que Ramoncito le diese un bofetón al hijo de su amigo, por muy trasto (y lo era) que este fuera, ya que eso es labor de sus padres, pero lo que un óptico de mediana edad no entiende es que a un hijo propio no se le pueda dar un buen guantazo (sin guantes) a tiempo porque se le pueden crear traumas o, incluso, el niño puede denunciar a su progenitor. Él, Ramoncito, criado a la antigua usanza (a saber, patadón y tentetieso) en un colegio de curas en los que la educación llegaba después de la regla del sacerdote en la parte del cuerpo donde cayera, no le cabe en la cabeza semejante atrocidad, ya que a él, no sólo los curas, sino sus padres, que les decían a aquellos que tenían su total permiso para darle una bofetada si se terciara el caso, no tituteaban a la hora de corregir el camino de nuestro óptico a base de tortas (y no precisamente de manteca). 

Él acabó sus estudios con buenas notas, terminó su carrera, y es una persona educada y correcta porque de eso se encargaron sus padres, sin importar si, para ello, acabó con la cara y el culo (Ramoncito se niega a poner otra acepción a lo que no lo tiene) "coloraos" como la antes mencionada manteca, y acabaron así, de hecho, cada vez que contradecía a su padre, le contestaba a su madre, le hacía la vida imposible a sus hermanos, faltaba a clase, o no se sabía la lección, incluso si no hablaba de usted a sus compañeros de colegio o no se ponía de pie cuando entraba en el aula una persona.

En estos tiempos, que más que correr, vuelan, Ramoncito ha visto cómo los bofetones se han ido sustituyendo por buenas maneras, palabras dulces (que al niño le entran y salen al mismo tiempo), diálogo y paparruchas varias, que han llevado a este país a tener la denominación de origen del "nini", por no haber dado un tortazo a tiempo. Esto se va a pique, piensa Ramoncito, falta mucha "mili"y más guantazos, y así se evitarían casos como los del niño de su amigo, que le acaba de romper una "Cartier" de 490€, a pesar de que su madre, sentada y con el "hola", le ha repetido hasta la saciedad, con muy buenas palabras: "nene, no se toca nada..."

Lo dicho, un buen bofetón... 

martes, 18 de julio de 2017

Ay, Señor, Señor...

Cliente: "Hola buenas tardes"

Ramoncito: "Hola, ¿en qué puedo ayudarles?

Cliente:"verá, quiero comprarles cien pares de gafas, pero de las caras, que las baratas no me gustan"(broma, hay que reírse, ja-ja-ja)

Ramoncito: (haciendo caso omiso al señor humorista y centrándose de nuevo en la pregunta) "hola, ¿en qué puedo ayudarles?

Cliente: Pues verá, me compré esta gafa en los "m...s" (Ramoncito omite la palabra que dijo ella para no herir sensibilidades y evitar que le cierren el negocio por retrógado) y vengo a que me pongan el tornillo.

Ramoncito: "Pues ya que lo siento, señora, pero va a ser imposible, porque no tengo esos tornillos"

Cliente: (enfadada) ¿pero "esto" (tono despectivo hacia el sitio en el que está) no es una óptica?

Ramoncito: "precisamente por eso, señora, porque este es un establecimiento de óptica no puedo servirle, ya que esas gafas no son de óptica, y no tenemos los repuestos necesarios".

Cliente: (sacando de la bolsa verde de plástico (véase esta otra entrada) otra gafa) "pues ésta, que la compré aquí, sí tendrá arreglo"

Ramoncito: En efecto, lo tiene, lo que no tiene es garantía, ya que la gafa está rota y eso no lo cubre el fabricante, tiene que pagar la reparación, que es de "x" euros.

Cliente: (más que enfadada, Ramoncito diría que echando sapos y culebras por la boca) Pues mira tú que bien, con el DINERAL (gafa de oferta, precio irrisorio) que me costó la gafa y que no tenga garantía, cuando se ve claramente que no es mal uso, me parece una barbaridad, así que sepa que ha perdido usted una buena cliente (sólo ha comprado esa gafa) y que la próxima gafa me la compro en el mercado, que visto lo visto, es lo mismo...

Ramoncito: (ojIplático) Ay, Señor, Señor...

jueves, 6 de julio de 2017

loco...

"No va a salir, no, pero si saliera, uuuuy, si saliera....No, sí, (cantando) fumando espero, al hombre que yo quiero, y mientras fumo,....eso, el tabaco de Jonathan, ay, Jonathan. No, de Jonathan no, de Kennedy, sí, Kennedy, que tenía una mujer de Onassis, petróleo, cuidado con un hombre y el petróleo, que los hombres nacen de un charco de sangre porque los niños no se pueden colgar en el ropero, que les da miedo. Las mujeres, no, cuidado, ellas nacen de un gargajo, nobles y fuertes, los hombres son tunos, tú (señalando a Ramoncito) te pareces a Leonardo "davichi", que era muy tuno. 

Cuidado, no vayas a ser como el de la cresta, el padre cali, que viene de los pájaros, uuuuyy, los pájaros, la cresta, no. Mejor ser del suelo, fuera del charco de sangre...cuidado, cuidado, los niños lloran, no les gusta el ropero"....

Y se fue...Ramoncito se quedó como después de haber leído una carta en un restaurante chino en Pekín, vamos que no pilló ni moscas. La mujer no sabe si estaría o no cuerda, pero él se quedó "tó" loco...


martes, 4 de julio de 2017

el día de las gafas "güenas"...

El día de la semana que más le gusta a Ramoncito es el del mercadillo del municipio. Ese día, que es el del "compro todo barato" y todo vale, la gente va a comprar hasta las naranjas, que se ve que el resto de la semana no se pueden comprar, ni incluso en las fruterías que, al efecto, han habilitado sus respectivos dueños. 

En el mercadillo se vende de todo, desde refrescos a millón, ya que la criatura que lleva el carrito de neveras de playa llenas de latas fresquitas bajo un sol de justicia, tiene que hacer el agosto en Diciembre, Enero, Febrero...hasta la ropa interior que pregonan las vendedoras especializadas con su eterno pregón, igual en cada una de las provincias en las que, diariamente, se coloca el puesto..."¡bragas a "ero", señora!", "ropa del pulbéh", "bresqua"...etc, etc. 

Es divertido ver cómo viene gente que Ramoncito no ha visto en la vida, pero empieza a serle familiar de verla, siempre a la misma hora, camino del mercadillo. Los niños combaten el hambre y la obesidad con gigantes bolsas de "chanchitos" de color naranja que adquieren como si no hubiera un mañana y devoran como si no hubiera un mediodía, mientras que los padres hacen lo propio con las aceitunas gordales aliñadas quién sabe de qué forma y despachadas en bolsas de plástico que, de la humedad, enseguida se opacifican con el vaho. 

Pero a Ramoncito las que me las gustan son esas personajes de la Jet-Set del pueblo (haberlas  háilas, oiga, como las meigas), que juran y perjuran no comprar en el mercadillo nunca, pero luego las ves en él adquiriendo gangas e introduciéndolas, sabiamente, en las bolsas de otros centros de la moda (de más reconocido prestigio) para que la gente no sepa que han comprado allí pero, eso sí, la cara no se la tapan...incongruencias de la vida que Ramoncito no entiende pero le divierten. 

Casi al final de la jornada, a eso de las 13:15h de la tarde, cuando Ramoncito está a punto de cerrar e irse a descansar, comienza el desfile de modelos en sentido contrario, esto es, descendente, cargados de bolsas verdes de plástico lo suficientemente transparentes para dejar ver que hay algo dentro, lo suficientemente opacas para que no se vea lo que es (que piensa Ramoncito que hay qué ver la ingeniería que hay detrás de este diseño, que ha debido hacer de oro a su creador, porque la patente debe dar dinero, a juzgar por la de mercadillos que la tienen), y es cuando empiezan a entrar a en la óptica a que él compruebe las gafas que acaban de adquirir a un precio justo (no el de Joaquín Prats, sino el del puesto del mercadillo) que los ópticos son todos unos ladrones porque las gafas son muy caras y las mismas (pero las mismas, mismas) las tienen baratísimas más arriba...y, Ramoncito, con la mejor de sus sonrisas, le dice a cada uno de los modelos que no hace falta comprobar nada, que se las pongan y las disfruten, y que si algún día les duele la cabeza, bien porque se las ponen y se marean, bien porque de colocárselas de felpa el sol les ha hecho una calva, que le pida explicaciones al del mercadillo que se las vendió, baratísimas, el día de las gafas "güenas"...

jueves, 29 de junio de 2017

Su alegría...

Ramoncito está fatal
que con el calor que hace
la gente lleva disfraces 
cual si fuese carnaval.

Una chica con sombrero
de un color indefinido
y a su cuerpo, adheridos,
tiene los "shorts" sobaqueros.

No será él quien proteste
por las modas de las nenas
pero es que, tras la melena,
¡se ven hasta los cachetes!.

Dejan ver más piel que tela
en su dispar vestimenta,
¡no las mires!, (se violentan),
pero muestran la "rayuela".

Gastan en fondo de armario
los ahorros de diez meses,
luego "pá" ver que ponerse
tiene que hacer inventario.

Así salen de paseo
enseñando lo que tienen
Ramoncito, como es feo,
mirándolas se entretiene

Pero lleva ya unos días
que le tiembla la gomina
contemplando las "bambinas"
que no ocultan...su "alegría".





martes, 27 de junio de 2017

Pluriempleo...

Ramoncito es pluriempleado. Si bien su carrera universitaria le habilita en todo el territorio nacional para ejercer de "vendegafas" (a saber, óptico-optometrista diplomado por la universidad de tal y cual), la realidad es bien distinta, ya que nuestro protagonista tiene varios empleos derivados del primero y a tiempo completo.

Ramoncito es operario de limpieza, ya que deja como los chorros del oro no sólo la óptica, con su cepillo, mopa y fregona, sino también la acera de la calle donde está su puerta, ya que la comunidad de vecinos se desentiende (aunque sí cobra), usando para cada tipo de suelo sendas fregonas, así como plumeros, trapos y productos para la madera y los cristales, que como ya dijo en otra entrada, un óptico es como la R.A.E, "limpia, fija y da esplendor").

Ramoncito es escaparatista (colocando uno diferente para cada época del año, navidad, san Valentín, "halloween", verano, primavera, Semana Santa,...) o cuando quiere darle un cambio porque las gafas están muy vistas. Pero es también informador de turismo, porque siempre vienen preguntándole dónde está la asesoría, la panadería, el banco, la clínica de los permisos de conducir,...Es psicólogo, pues no pocas veces alguna cliente se le echa a llorar necesitando de él que la escuche, y la apoye, y la comprenda. Es montador de gafas, reparador de las mismas, farmacéutico (siempre hay gente que le dice: "niño qué me pongo, que tengo el ojo rojo y no quiero ir al PTS (no entiendo porqué)). Médico (tiene que saber todas las enfermedades del ojo pero no puede diagnosticarlas, que para eso están los facultativos). 

De vez en cuando, ejerce de custodio de enseres (niñico!...te dejo la compra aquí que voy a por el pescado y no quiero cargar con ella, aunque lo más gracioso es que no es ni cliente). Educador infantil (que algunos especímenes son de cuidado), agente inmobiliario (¿no conocerás a alguien que venda un piso por esta zona?), policía local  (más de una vez ha tenido que salir a la puerta a parar el tráfico para que alguna cliente mayor pueda cruzar la calle sin jugarse el tipo), economista (que está la cosa "mú" mal y hay que llegar a fin de mes como sea), cuidador de perros, (¿Puedo entrar con el perro? y ya lo deja suelto mientras ven gafas y él tiene que cuidar de que no hagan trastadas por la tienda), fotógrafo ("¡házme una fotico que se la envíe a mi madre para que me diga cual me queda mejor!"), etc.

Como veis, no es poco el trabajo que se le viene encima a Ramoncito cada vez que abre la tienda, por suerte, tiene dinero de sobra en el banco porque, como seguro sabéis, los ópticos son todos millonarios.

jueves, 22 de junio de 2017

día de piscina...

Cierto Domingo, que es el día del Señor (y del señor óptico), Ramoncito decidió, para combatir la "caló", sacarse una entrada en la piscina y pasar el día ganduleando, que para eso está uno trabajando de Lunes a Sábado.

Se levantó temprano, preparó su mochila con todo lo necesario para un día de piscina, a saber, crema del 50 para toda parte del cuerpo a la que no le afecte el "moreno" albañil (dicho sea esto sin menosprecio alguno al gremio, hombre por Dios), y del 20 para el resto, brazos, piernas y cara, que se le ponen como el del África tropical que trabajando cantaba la canción del Cola Cao de ir al trabajo "bajo el sol de la costana". Un bocadillo de alcachofas con mayonesa (eso no es condición "sine qua non", pero a él le gusta mucho), latas de cerveza de marca, patatas fritas, y toda suerte de encurtidos, y algo de dulce por si le apetecen a mediatarde, que un día es un día. Una hamaca para dormir la siesta, y su toalla mullida para echarse sobre el césped a tomar el sol, y allá que se fue camino de la piscina, de un contento que ni Javi el de Verano Azul cuando ve a Bea.

Cuando llegó, se quedó perplejo al percatarse de que el césped se había evaporado, y tenía más calvas que el área visitante del Viejo los Cármenes, por lo que la toalla mullida le iba a servir de poco, todo lo más para apoyarla en la hamaca a modo de almohada. Con la sequía, los árboles había sufrido mucho y hubo que podarlos, por lo que las zonas de sombra era pocas, así que la crema del 50 iba a ser necesaria incluso en las partes cubiertas por el moreno antes mencionado (sin menosprecio del gremio), y la mayonesa, merced al solano, se había transformado en nata líquida, chorreando por todo el bocadillo que no había por donde cogerlo. Se lo comió como pudo, llenándose hasta los codos como si sacaras un paso en junio (esto lo sabe porque un amigo suyo es muy capillica y se lo ha contado varias veces) teniendo que quitarse la grasa tirándose de cabeza en la piscina, cosa que le valió la justa reprimenda del socorrista, si es que merece ese calificativo un semihombre con la cara llena de espinillas y voz cambiante de graves a gallos. 

Más que cabreado, se dispuso a echar la siesta a la sombra de la silla del socorrista, cuando una familia muy maja con diez matrimonios, de abuelos a nietos, y treinta bisnietos, deciden amenizar la velada de los bañistas a grito "pelao", emulando a sus cantantes favoritos, todos ellos premios Grammy, llenando el ambiente de no sé qué hierba terapéutica, y es que debían estar muy malos, porque la niebla era espesa a su alrededor, en pleno Junio. 

Al final, ni relax, ni descanso, ni nada, se pasó la tarde intentando que los bisnietos no le pisaran la cabeza en sus mil y una corridas agarrando los unos las trenzas de las otras, y bañándose con un ojo en el agua y el otro en la hamaca, con el consabido esfuerzo de la musculatura extrínseca del ojo, que de esto Ramoncito sabe un rato.

Llegado a su casa, disfrutó de una cena silenciosa y juró y perjuró que la piscina, a partir de ahora, en Sancti Petri...

N. del A: Todo lo vertido en este post es sólo producto de la mente del autor y no se corresponde con situaciones ni personas reales.

martes, 20 de junio de 2017

¿aquí gradúan la vista?...

Hay días en los que Ramoncito se alegra de haber estudiado óptica, aunque haga tanto tiempo que ya ni se acuerde, cuando la gente le demuestra el cariño y el afecto que sienten por él, derivados de los años que lleva en el oficio. esos días le dan fuerzas y a ellos se agarra como un clavo ardiendo cuando llegan esos otros en los que le dan ganas de bajar la persiana para siempre y no venir más, porque hay qué ver la de gente que entra por la puerta de Ramoncito, que no se sabe si los han sacado de una película de Summers (no los veranos en británico, sino el cineasta español que tantos momentos buenos nos dejó, con su fino humor y su ironía), de un circo, o de la caverna de Platón. 

Esos días él es feliz, entre sus gafas, sus lentillas, sus albaranes, y hasta limpia el polvo con más salero, que ni Gracita Morales oiga, cuando la gente que entra se deja aconsejar por él, y se va diciendo adiós (que eso no siempre ocurre), o vuelve a su casa segura de haber sido informada correctamente de sus dudas, o de haber resuelto satisfactoriamente sus problemas. Sí, hay días maravillosos en la óptica de Ramoncito, en los que las horas pasan sin mirar el reloj y la persiana se cierra, como digo, pero con la seguridad de que va a ser abierta la mañana siguiente con más énfasis, con más ánimo y con más ganas que la jornada anterior...sí, esos días suelen ser todos, ya que Ramoncito siempre abre emocionado y con ganas pero, por desgracia, las ganas se le van cuando la típica señora cargada de bolsas del mercadillo (aunque sean de de Zara), llega para que le "asuste" la gafa y le pregunta soprendida (versión "emoji" del whatsapp con los ojos como platos):

"ah, pero...¿aquí graduáis la vista?....

martes, 13 de junio de 2017

tú eres un empleado...

La otra mañana, Ramoncito se afanaba en esa otra labor que tiene ocupado al óptico durante casi toda la jornada, ya sabéis, sacarle brillo y lustre a las gafas expuestas y al mobiliario, cuando una madre con su hija entraron para que les enseñara unas gafas de sol. Ramoncito lleva ya muchos años en su emplazamiento, por lo que es lógico pensar que tiene amistades entre sus clientes, y algunos transeúntes que, a fuerza de pasar por la puerta todos los días, se van convirtiendo en amistades, algunos, incluso, en clientes de toda la vida ("trátame bien, que soy cliente", ya me entendéis...). este es el caso que nos ocupa. La hija, muy dispuesta a comprarse unas gafas de sol que había visto en el escaparate, por lo que Ramoncito tuvo que hacer un esfuerzo memorístico y de reconstrucción digno de C.S.I Miami, hasta que, al fin, dio con la gafa quedando la chica más que contenta. 

Pero ella (la chica) no es lo que sorprendió a Ramoncito, sino la actitud de su madre, que hizo a nuestro óptico quedarse de nuevo Ojiplático Estupefacto (véase esta entrada y la referencia a los apellidos que Ramoncito debería tener). Ella, muy tranquila, se dirigió a él para preguntarle que si el precio que acababa de pagar por unos progresivos (vulgo "cristales de esos para ver al lejos y al cerca") en la óptica de al lado, ya que "ella siempre compraba ahí, no es por nada, es que él es el propietario y tú sólo un empleado, el día que montes tu óptica yo te compraré a ti, no te preocupes", era lógico o disparatado; ante lo que, otra vez sin respuesta y entumecidos los huesos por el aturdimiento provocado por la frase, sólo acertó a pensar: "entonces, ¿para quién he estado trabajando yo todo este tiempo, si monté esto hace una burrada de años, cuando tenía pelo y aún estaba de "toma pan y moja"?...

La chica se llevó sus gafas, la madre no obtuvo de Ramoncito una respuesta que quisiera oír, y éste, aún se está pellizcando las piernas por dentro del bolsillo para ver si está despierto, o sigue dormido y sólo ha sido un mal sueño...

N. del A: los temas que ilustran esta entrada sólo corresponden a la mente del autor y no a hechos reales, por lo que, cualquier parecido con personas o situaciones de la vida real son mera coincidencia.

jueves, 8 de junio de 2017

de conversaciones cortas...

Hay veces en las que este negocio sorprende a Ramoncito, pero sólo ocurre muy de vez en cuándo, aunque cuando sucede, se le abren los ojos a nuestro óptico que parece que se ha tragado un tarsero filipino. Y es que hay clientes que no saben a lo que vienen o, si lo saben, lo disimulan muy bien. Si no, juzguen ustedes la conversación que Ramoncito tuvo cierto día con un hombre con una espalda como la pared de la cueva de altamira, por lo grande y por lo tatuada:

-"Buenas tardes.
-Hola buenas tardes.
-Venía a echar un vistazo a ver las gafas de sol
-Muy bien, si le hace falta algo...
-Una preguntilla ¿cuánto valen los cordones?
-Estos tanto, y aquellos cuanto.
-Vale, ¿gafas de R...-B... transparentes tienen?
-no, hay que encargarlas, van con lentes graduadas pero sin graduación (vulgo no tiene ná en la vista) 
-vale, pues ya le digo a mi hijo que se pase.
-chin pon".

Después de esto, gran suspiro y a seguir con la tarea...


martes, 6 de junio de 2017

¿me quedan bien?...

Ya son más de las diez, y Ramoncito está inmerso en su rutina laboral; a saber, "limpiar, lucir y dar esplendor", como reza el lema de la RAE (vulgo las personas que dicen las palabras), y que él recuerda cada vez que abre la tienda cuando, plumero en mano, se presta a sacarle el polvo a los muebles de la misma que, de tener las puertas abiertas, se suelen llenar todos los días. 

Uno de los momentos que más le gusta a Ramoncito es este de la limpieza, sobre todo cuando se sale a la puerta y barre la acera ya que, a la misma hora, sale Rosa (véase "la merienda ") a hacer lo propio en la tienda de ultramarinos y él se entretiene con la animada charla. 

Rosa es una mujer morena, voluptuosa, con una larga melena que lleva siempre recogida en un moño y una profunda mirada oscura, de esas que te taladran el alma cuando la miras, y a Ramoncito le gusta hablar con ella, no por nada del otro mundo, sino por la agradable conversación que siempre tiene la muchacha. Ella le ha recordado a Ramoncito, al verla con su vestido de hoy, aquella vez que una mujer de mediana edad le sacó los colores cuando sólo era un jovenzuelo asalariado en una óptica de pueblo...

Llegaba la mujer a la óptica con los rigores del verano en su cuerpo, es decir, el vestido corto y ligero, muy escotado, que se ceñía un poco al talle y al busto merced al sudor que había empezado a brotar, sin prisa pero sin pausa, provocando que la suave tela se adhiriera a su cuerpo como lo están las cosas envasadas al vacío. De esta guisa, y con un abanico espoleado a velocidad vertiginosa, se presentó la mujer, atractiva ella con conocimiento (sabía que era guapa y hacía ostentación de ello), ante nuestro asombrado óptico que no sabía ni por dónde le venía el saludo. 

Tras informarle de que quería unas gafas de sol que le quedaran bien, Ramoncito, tímido hasta decir basta, le fue mostrando el género sin mirarla a la cara, mientras ella ampliaba la sonrisa, suavizaba el tono de voz hasta hacerlo meloso, y agradaba en exceso a nuestro amigo, que ya no daba pie con bola; al final, el rigor del verano hizo, también, mella en él, y ya iba a romper a sudar mientras se atribulaba cogiendo el estuche, la gamuza (vulgo trapito para limpiar las gafas) y todo lo que lleva aparejada la venta de una gafa. La mujer, segura de sí misma, jugando en casa, satisfizo el importe acordado, y ya se disponía a marcharse para respiro de Ramoncito cuando, en un gesto rápido se acercó a él, se colocó las gafas en ese lugar del cuerpo al que los hombres siempre niegan haber mirado (vulgo canalillo) y, mirando fijamente a nuestro nerviosísimo óptico le espetó: "pero de verdad...¿me quedan bien?", tras lo que se marchó orgullosa, divertida y atractiva, dejando a Ramoncito lo mismo que una bandeja de flanes...

N. del A: En ningún caso los personajes expuesto en este post se corresponden con otros que puedan parecer reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

martes, 30 de mayo de 2017

El regalo sorpresa...

¡puf! ¡vaya calor hace!...está entrando el veranito, y eso lo nota mucho Ramoncito, más que en las ventas, en que cuando sale a la puerta a limpiar la acera le caen unos chorros de sudor que ni las gotas de las cuevas de Nerja, y es que los primeros calores se notan mucho, tanto, que se ahorra en saunas un sueldo importante, de lo bien que funciona el aire acondicionado de su tienda. Hablando de calores, Ramoncito el otro día se acaloró mucho, pero mucho, mucho, y es que lo volvieron a dejar con toda la cara del Ecce Homo de Borja (después de que le dieran el espejo para ver cómo había quedado tras la restauración).

Entró una chica oliendo a perfume y le espetó a Ramoncito: "vengo a que me enseñes gafas de sol de hombre, es para un regalo sorpresa", a lo que nuestro óptico respondió con una sonrisa y se dispuso a abrirle toda las gafas de sol de la exposición que podían corresponderse con el requerimiento de la cliente. Después de un rato enseñándole gafas, que ella se probaba para ver cómo quedaban (¿el regalo no era para un chico?) y ponerle pegas a todas, a saber, que sí tiene esto, que si no tiene aquello, que si el color, que si pesan,...dejó la que tenía, de últimas, probándose, en las manos de Ramoncito y le dijo: "muchas gracias, ya otro día me paso con él" y sí, se marchó por la puerta dejando a Ramoncito colocando de nuevo las gafas y recomponiéndose del estupor que le causó la respuesta de la muchacha perfumada...¿me pasó con él? ¿regalo sorpresa?...

Cosas del oficio.

N. del A: todos los hechos relatados son producto de la mente del autor y, en ningún caso, se corresponden con situaciones ni personas reales. 


jueves, 25 de mayo de 2017

La merienda...

Ramoncito, no sé si lo sabéis, tiene brackets; los ha tenido que llevar casi desde su nacimiento, ya que, una tarde, queriendo emular a "Los Fraggle" cuando se tiraban por las cascadas, salió disparado desde el sillón de casa con tan doble mala fortuna que tiró una lámpara muy antigua en su aterrizaje contra el frío mármol, y le costó los dientes en primera instancia y, en segunda, que su madre se los acabara de emparejar del sopapo que le dio por haber destrozado el mobiliario. Desde entonces, y debido a los sucesivos cambios con la edad, él siempre ha tenido que llevar aparato.

Debido a esto, el momento de cepillarse los dientes, que es algo que tiene algo de rito, porque sí el hilo dental, el masaje de arriba a abajo y alrededor de los "cuadraditos" de metal, que si el agua a presión para evitar restos de comida, hace que procure entregarse a la manduca sólo a sus debidas horas y nunca se permita un paréntesis, tal es el engorro del cepillado. 

Pues bien, una tarde, calurosa, de principios de Junio, de esas en las que lo único que entra es polvo y, si acaso, algún perro desorientado, Ramoncito, un poco hastiado del calor y de estar allí sin que entrase un alma, decidió cruzar a la acera de enfrente y comprarle una palmera a Rosa(a saber, la chica de los ultramarinos, y de paso echarle un vistazo al modelito del día porque la muchacha es guapa, pero guapa, guapa). Tras los intercambios de rigor acerca del calor, de cómo están las cosas, etc, Ramoncito se va a su óptica con su gran cuña de chocolate y crema, ya que Rosa le ha recomendado que es mejor que la palmera y está mucho más tierna y sabrosa, así que, sentado en su silla del taller (vulgo donde se apañan las gafas), se dispone a dar buena cuenta de ella, aprovechando que no entra nadie; no ha hecho más que pegarle el primer mordisco (que de todos es sabido es el mejor) cuando una señora con su "batilla" de verano y sus chancletas de playa, asfixiada por la edad y por la que está cayendo, que van las ranas con cantimplora, entra en la tienda a que le ponga un tornillo (a la gafa, no me piensen mal), pegándose unos "abanicazos" justo en ese momento en el que todos los dientes de Ramoncito son amalgama de chocolate y bizcocho, la boca está llena de "mijillas", y la deliciosa bola tiene que ser tragada rápido y sin disfrute alguno, para salir corriendo a atender a la vecina que, después de todo, podía haber venido en cualquier momento, ya que le ha dejado la gafa allí y le ha dicho que luego viene a recogerla, que hace mucho calor, dejando a nuestro óptico como su apellido ficticio, esto es, Ojiplático Estupefacto. 

Tal es la vida del "vendegafas", que en las tardes de estío abrasador, sólo entra gente cuando él está saboreando, y sólo en ese momento, la merienda...

N del A: ya sabéis que todos estos episodios surgen de la mente del autor, por lo que cualquier parecido con hechos reales, y/o personas, es pura coincidencia.

martes, 23 de mayo de 2017

las gafas de it girl...

Ramoncito está sentado frente al ordenador, en esa labor ardua y nunca bien ponderada, casi un arte, de meter albaranes para que no descuadre el stock (vulgo todas las cosas que tienes en la tienda), mientras ve por el "rabillo" del ojo cómo dos chicas (muy monas y muy "fisnas" ellas "oyes") están mirando el escaparate, señalando, con el dedo, justo la gafa top que lleva una "influencer" en su magnífico blog de moda.

Muy emocionadas, las dos chicas entran en la óptica y le preguntan, con una sonrisa de oreja a oreja, muy "profiden" una, encarcelada por los brackets la otra, si sería tan amable de sacar "las gafas estas tan supergrandes, tan superbonitas, que le "superencantan". Ramoncito, con la misma sonrisa que ellas y más entusiasmado aún, si cabe, le saca la gafa, y comienza en ese momento el ritual "piji-itgirl-blogger-pinterest-esperpéntico" típico de las niñas de ahora que debieron crecer con yogurt pasado de fecha porque, si no, no se sostiene. 

Mientras una se pone la gafa y saca el móvil (morrito va, morrito viene; pelo va, pelo viene; cabeza a un lado, más morritos, cabeza al otro, otro morrito, brazo estirado, venga morritos) para hacerse una super foto que ya está subiendo instantáneamente al "caralibro", instagram, twitter y a saber que sinfín de redes sociales, la otra, ay, la otra, no hace más que decirle: "es que me encantan, tía, si yo tuviera tu cara me compraba esas gafas; me encantan, o sea, tú sabes, me encantan, es que eres muy de gafa tú, ¿eh?, cómpratela, tía, o sea", que Ramoncito no sabe si mirar o no, o reír o no, o llorar directamente. 

Tras un rato con el modo antes mencionado completamente "on", y después de haberse dejado las puntas del pelo más lisas que la cabeza de Kojak; después de que las gafas "son las tuyas. tía, me superencantan", después de haberse hecho más fotos que Anita Obregón en su nuevo posado, algo le pasa por la cabeza a ambas que se quedan mirándose fijamente la una a la otra, y la primera le dice a la segunda, tras un fogonazo que ni el que marcó la frente de Potter: "pero no me convencen"...dejando a nuestro protagonista con la gafa en la mano y la cara de G. P (ya sabéis Grand Prix), mientras se van calle abajo mesando su melena y súper, súper, encantadoras ellas, oyes...

N del A: todas las situaciones vertidas en estos posts son producto de la imaginación del autor, por lo que cualquier parecido con otras situaciones y/o personas reales es pura coincidencia.

martes, 16 de mayo de 2017

¡niño, no se toca!...

La otra tarde entró en la óptica de Ramoncito una madre con sus tres hijos, dos mellizos de unos tres años, y una mayor de unos cinco. Nada más entrar, la mamá, intentando ser entendida por sus vástagos, se deshizo en gesticulaciones y órdenes para que los niños no tocaran nada de lo expuesto, que no era poco.

La madre le comentó a nuestro óptico que hacía tiempo estaba notando que no veía bien de cerca, por lo que éste la pasó al gabinete, labor que se ralentizó bastante ya que, por cada pregunta que Ramoncito le hacía a la paciente, ésta pegaba tres vocinazos dignos de Johnny Weissmüller para hacerles notar a los niños su deseo de que no tocaran nada.

Los niños,en cambio, como tales, a lo suyo, de acá para allá saltando, metiéndose entre los escaparates, cogiendo las gafas de un sitio, poniéndolas en el que ellos consideraban era mejor, y no el que tenía, preguntando "¿esto qué es?" cuando ya lo sostenían, en equilibrio, en la mano, a lo que, una vez más, la madre, gritaba y se desgañitaba en un esfuerzo inútil, aunque insistía en ello..."¡niñoooo, no se tocaaaa!"; pero nada, como si de Pedro Picapiedra se tratara, se golpeaba una y otra vez contra la puerta mientras el nombre de Vilma retumbaba en vano. Ramoncito, el Job de la óptica, se esmeraba en hacer bien su trabajo intentando aconsejar a la madre que tuvo que soportar, incluso, que uno de los mellizos le arrancara literalmente la gafa de la cara con un "¡qué fea estás!" que hizo sonreír a nuestro protagonista. 

Al final, la madre, desesperada, no se llevó la gafa, emplazándole en el mismo sitio (Ramoncito sí estaría) otro día que viniera más tranquila, y se marchó, dando el último berrido cuando la mayor de los hermanos, empujada por el otro mellizo, se precipitó contra las macetas de la entrada volcándolas sobre la acera que, Ramoncito, había enlucido, mira tú que plan, por la mañana. Ciega de ira, la madre cogió a los mellizos de un puñado y se perdieron de vista, mientras Ramoncito contemplaba el campo de batalla en el que se había convertido su tienda, que ni una ludoteca en hora punta tenía parangón con lo que se presentaba ante sus ojos. Gafas por doquier, esparcidas, sin etiqueta, "flyers" de publicidad desordenados y caídos en el suelo, las bolsas cambiadas de sitio, puertas abiertas, estuches tirados,...en fin, la hecatombe, "homérico", que diría el pequeño coprotagonista de "un hombre tranquilo" al contemplar la escena de la cama. Menos mal, se dijo para sí Ramoncito, que...¡niño, eso no se toca!, y no habían tocado...    

N. del A: los temas que ilustran esta entrada sólo corresponden a la mente del autor y no a hechos reales, por lo que, cualquier parecido con personas o situaciones de la vida real son mera coincidencia.

jueves, 11 de mayo de 2017

Doctor Jekyll y Mr. Hyde...

Hace mucho tiempo que Ramoncito leyó la novela de Stevenson, y la verdad es que nunca acabó de creerse, incluso desde la ficción, que alguien, por el mero hecho de tomarse una pócima endiablada, por muy endiablada que esta fuera, cambiara tanto su carácter como para pasar de ángel a demonio (esto era de Don Brown, cree recordar Ramoncito) en menos del tiempo que tarda en tragársela.

En su cabeza, las marchas de rayos debieron hacer mella porque lleva un tiempo pensando que sí es posible, que hay raros especímenes en los que habita un lobo tras la piel de cordero, y esto lo lleva comprobando desde que empezó a trabajar en óptica, ese submundo en el que todo vale para ganar un cliente y, cuando crees haberlo ganado, te llama para decirte que ha encontrado tu producto más barato dos puertas más abajo...

Ramoncito debería apellidarse Ojiplático Estupefacto, ya que así es como se encuentra casi a diario, tal es el volumen de situaciones rocambolescas que le asaltan en su tranquilo, muy tranquilo, más que tranquilo, día a día. Como la que le ocurrió no hace mucho tiempo, casi a punto de cerrar la tienda porque, a un óptico, sólo se le pueden comprar los productos diez minutos antes de cerrar la tienda, que es cuando está en plenitud de facultades. 

Pues bien, una muchacha muy dulce, (más que un donut del Dunkin), entró muy comedida, hablando de tal modo que Ramoncito tuvo que agudizar el oído, de tan suave que pronunciaba su perfecto castellano la señora (aunque tengan veintiún años son señoras, no vayamos a desvalorizar al género femenino). Deseaba una gafa de sol graduada y Ramoncito le aconsejó, como siempre, lo mejor para sus necesidades visuales y, al hacer el encargo, cometió el error más garrafal que un óptico puede cometer, esto es, decirle a la cliente cuándo iba a estar la gafa. Ambos quedaron contentos y se despidieron entre sonrisas y deseos mutuos de pasar un buen día.

La mañana del día exacto que Ramoncito le había dicho se presentó la muchacha a recoger sus gafas y, al no estar aún, le cambió la cara...no vio por ningún lado el frasco de Mr Hyde, por lo que dedujo que aún no se lo habría tomado, pero se fue despidiendo a Ramoncito con cajas destempladas. Cuando llegaron las lentes (vulgo cristales), éstas venían defectuosas, por lo que nuestro óptico tuvo que pedir unas nuevas y así se lo transmitió a la cliente, que ya sí volvió con el frasco entero tomado, incluso cree él que en doble dosis. Los gritos se escucharon a kilómetros; las miradas, de fulminantes, casi agujerean la bata de Ramoncito que, sorprendido por el cambio, no acertaba a emitir alguna disculpa (tampoco hubieran valido, a juzgar por el estado de la cliente) que tranquilizara a la muchacha que, amenazándolo si no estaban las gafas, se fue tan rauda y veloz por la calle, que Ramoncito tuvo que mirar dos veces por si venía el coyote avenida abajo.   

Desde entonces, y para mayor seguridad, las fechas son siempre aproximadas en la óptica de nuestro querido Ramoncito.

N. del A: las situaciones vertidas en estos posts son producto de la imaginación del autor y no se corresponden con casos ni personas reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

martes, 9 de mayo de 2017

lo que vale, ya lo sabemos...

La otra mañana, una de esas calurosas hasta decir basta, en las que el aire acondicionado parece condicionado por la temperatura de fuera, un matrimonio muy salado entró en la óptica de Ramoncito a buscar un bote de esos para limpiar lentillas, porque "la niña se nos va a Punta Cana y, claro, tiene en casa dos botes grandes comprados en su óptica de siempre, pero se los ha dejado". Ramoncito, curtido ya en las mil batallas del "toma y daca" le saca dos tipos distintos con portalentillas (vulgo cacharritos de estos para meter las lentillas") y sin él, cada uno, como es lógico, con su precio asociado y diferente. 

La madre de la criatura, mientras su hija ya había sacado el monedero, le pregunta a Ramoncito: "pero esto, ¿cuánto vale?, mira que mi cuñado es óptico, mi suegro es oftalmólogo, mi hermana farmacéutica y mi sobrina, la chica, está estudiando óptica en la privada; la otra está de Erasmus en Roma y se va con ésta (su hija) a Punta Cana, por eso necesita el líquido. Pero antes de que el pobre Ramoncito, muy tranquilo y sosegado, le pueda decir cuánto vale, la señora le espeta: "vamos, lo que quiero decir es que me digas cuánto me vas a cobrar, porque lo que vale,...ya lo sabemos".

   

martes, 2 de mayo de 2017

"Llego tarde"...

A Ramoncito, lo que más le gusta en esta vida es que le estén esperando en la puerta de la óptica, cada mañana, instándole a que abra rápido (es decir, todo lo rápido que se puede quitar los topes de seguridad del suelo, levantar la persiana, abrir la puerta de entrada, colocar las macetas que sirven de adorno, quitar la alarma y salir con la mejor sonrisa a atender al madrugador cliente, sin bata y despeinado) porque tiene muchas cosas que hacer esa mañana y llega tarde.

A saber, un jubilado de ochenta años con la gafa metida en un mohoso papel de cocina en el que, con primor de relojero, ha puesto el oxidado tornillo que ayer se le cayó otra vez porque, ¡hay que ver qué malas me han salido estas gafas!, no creo yo que tenga muchas cosas que hacer, más aún cuando, al salir, se sienta en el banco a esperar al sol y a los compadres.

Pero este no es el caso que nos ocupa, a Ramoncito ese día le esperaba en la puerta una señora cargada con silletas, cubitos, sombrilla, nevera y una niña "repelentilla" que no paraba de decir "¿cuándo nos vamos?" "¿cuándo no vamos?" "¿cuándo nos vamos?" con repetitiva insistencia, y a la que se le había caído una plaqueta (vulgo "gomilla" que apoya en la nariz y que se cae mucho porque ¡hay que ver que malas me han salido estas gafas!). Ramoncito, muy educadamente, le estaba comentando a la señora que se esperara un "momentito" que tenía que hacer todo lo que he expuesto antes de la alarma, la puerta...y enseguida la atendía. La señora no entendió el motivo por el que tenía que esperar y, muy subida de tono, empezó a decirle que no iba a venir más a la tienda, que el servicio era malísimo, y que tenía mucha prisa mientras que, en un alarde de precisión de movimientos, agarró con un brazo la sombrilla, con el otro las silletas, la nevera, los cubitos y a la niña, todo a la vez, y salió por la puerta como alma que lleva el diablo...llegaba tarde.

Obviamente, el servicio fue malo, la señora no volvió más (pero porque nunca había venido antes) y Ramoncito todavía tiene la cara de asombro que le causó la señora que no podía esperar a que abriera, porque necesitaba urgentemente su "gomilla" que apoya en la nariz y que se cae mucho porque ¡hay qué ver que malas me han salido estas gafas!, ya que llegaba tarde para leer el hola en la playa...

N del A: las opiniones y hechos aquí relatados son estrictamente producto de la imaginación del autor y en ningún caso se corresponden con la realidad. Cualquier parecido con ella, por muy fidedigno que parezca, es pura coincidencia.

jueves, 27 de abril de 2017

Buenos días...

Buenos días...Ramoncito es óptico, uno de esos que todavía cree en la salud de su profesión, a pesar de la competencia desleal, de internet, y de todos los dimes y diretes que le afectan en mayor o menor medida. Un óptico de mediana edad, de raya ancha en el peinar, cortes clásicos en el vestir, y "entradito" en carnes (o de tórax bajo que diría Obélix), alma bonachona y peculiar simpatía (o lo que es lo mismo, su humor sólo lo entiende él mismo). 

Estudió la carrera sybyugado por la tasa de paro cero (cuando él no sabía ni lo que era eso) que le impidió ver más allá de las oportunidades laborales que se le ofrecían, y que tapaban el poco tiempo libre, y la denigrante posición que el óptico tiene, hoy día, relegado a ser un "vendegafas" sin más autonomía que la que le deje el oftalmólogo de turno. Hoy día, se asoma a diario al mostrador de su óptica, para ofrecer su mejor sonrisa y producto, aunque las fuerzas ya se están empezando a agotar, poco a poco, de Lunes a sábado, mañana y tarde y, en algunos casos, los domingos...¡qué viva el corte inglés! y sus horarios imposibles. 

A partir de ahora, Ramoncito os irá contando sus cosas, de cómo empezó en esto, de qué sueños se rompieron al hacerlo, de cómo evoluciona su vida al frente de un negocio de estas características, y cómo no, os irá contando algún "chascarrillo", que de éstos también tiene unos cuantos, eso sí, los domingos no, que es el día del Señor, y del señor óptico